UN DÍA EN AUCKLAND
 
 
 

El día 23 di un salto a Nueva Zelanda, alejádome todavía más si cabe de mi casa. Vuelo bastante tranquilo en Air New Zealand, aerolínea semejante a la australiana Qantas y con servicio impecable también.
Despegue en un Sydney soleado y caluroso, y aterrizaje en un Auckland nublado y fresco. En Nueva Zelanda se nota más el fresco en invierno.

 
Auckland Auckland
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Cogí un autobús al centro y busqué un Backpackers para quedarme esa noche. Lo encontré rápido, en pleno centro, y cerca de la zona donde se desarrollaba el Festival Internacional de Cine de Nueva Zelanda.
Me di una vuelta por Auckland para verlo y me recordó completamente a Sydney. La primera impresión es que las cosas son bastante baratas y que todo lo demás es como Sydney.
Por las noches hay gente que toca en la calle para sacar dinerillo, algunos de ellos única y exclusivamente con una batería.
Al volver al Backpackers me pusieron una pulsera para ir a un bar en el que me iban a invitar a una cerveza. Una ducha y me fui allá. Pero cuando llegué allí resultó ser ligeramente distinto, no era una cerveza gratis sino una hora de cerveza gratis, de locos.

 
 

Al día siguiente levantarse pronto y ver algo más. El día anterior me dijeron algunas cosas que ver, una de ellas el Mount Eden, un volcán en medio de la ciudad, cosa no tan rara por esa zona ya que Auckland es íntegramente de origen volcánico y hay algún que otro volcán que sólo tiene 800 años de antigüedad, como el Ringototo, que además es reserva natural, pero que sólo se podía ir los fines de semana así que no pude verlo.
Una caminata de unos 45 minutos y una subida pronunciada me llevó a la cima, desde donde se podían ver buenas vistas de la ciudad y los alrededores.
Me encaminé después al museo de Auckland, otra de las recomendaciones que me hicieron. De bajada me encontré con varios colegios hasta arriba de niños, todos ellos con el mismo uniforme sin importar de qué colegio fueran.
Hice unas fotografías también a unas especies diferentes de Lavandula y de Rosmarinus que hay por NZ.

 
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Antes de llegar al museo me encontré con un mini jardín botánico en el que me encontré numerosas orquídeas, bromelias y diferentes tipos de árboles y plantas varias. Uno de los árboles más típicos de Nueva Zelanda es el Kauri, de la familia de las araucarias pero con un aspecto diferente a las araucarias tradicionales, que parece que están hechas de plástico.
Junto a los dos invernaderos había un paseo de helechos, y es que NZ es el país de los helechos sin lugar a dudas. Para empezar el símbolo de Nueva Zelanda no es una hoja de un árbol cualquiera, es el Silver Fern, Cyathea dealbata, un helecho arborescente muy grande. Parecía como si me hubiera transportado al Precámbrico.
Hice varias fotos en ese paseo increíble, y ya de paso algunas bajo helechos arborescentes y es que no todos los días se puede decir que se ha estado a la sombra de helechos.

 
 

El museo merecía mucho la pena. La entrada es gratuita pero te incitan a hacer una donación de 5NZ$, 2,5€ que se pagan sin problemas.
Lo primero que uno ve es todo lo relacionado con el mundo maorí, desarrollado por casi todo el Pacífico. Buenas muestras de los distintos países de la Polinesia. Es una sociedad bastante curiosa, desde el modo de vida hasta el arte.
Luego ya se pasan a edades más modernas en las demás plantas, pasando por la vida de Sir Edmund Hillary, el hombre que subió al Everest por primera vez junto con el sherpa Tenzing Norgay el 29 de mayo de 1953. Es un héroe en NZ, y de hecho es la cara que aparece en todos los billetes de 5NZ$. En el museo se encuentra en hacha de hielo, o piolet, usado en su ascensión.
Otra cosa que tiene gran peso en el museo son los volcanes, eran algo muy importante para los maoríes. Numerosas referencias, historias y vídeos de cómo se formó la parte nueva de NZ. Gran parte de las dos islas es volcánica, como por ejemplo Auckland, y la mayoría de la parte sur de la isla sur.
Tienen también un molde de una persona enterrada por las cenizas en Pompeya. Cuando iban desenterrando y encontraban un hueco dejado por una persona lo rellenaban con una especie de cera y quedaban moldes como el de la foto.
Y el otro punto característico de NZ es la fauna. Con esqueletos de las gigantescas Moas, o zonas dedicadas al Kiwi. Impactante la foto del kiwi poco tiempo antes de poner el huevo que llev dentro. Ya de paso aproveché para hacerme una foto con un gigantesco amonites del mismo tamaño que yo.

 
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Tras pasar unas horas en el museo continué caminando hasta el centro de la ciudad, atravesando la zona de la universidad. Comí, hice unas comprillas e hice tiempo hasta que Gaby, amiga argentina que me acogió el segundo día, saliese de trabajar.
Justo en la puerta de su curro tiene un helecho arborescente, y es que los puedes encontrar por la calle como si fuesen cualquier tipo de árbol.
Fui hasta la base de la Torre de Auckland, donde pude ver cómo hay gente que sube a hacer un tour de 360º por la parte exterior de la torre. Sólo apto para gente sin vértigo.
Un rato más tarde quedé con Gaby y fuimos a un bar con sus compañeros de trabajo. Luego fuimos a su casa y por la mañana pronto me llevó al aeropuerto para coger el avión que me llevó a Dunedin.

 
 

Llegada a Dunedin

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